El laberinto está compuesto por pasadizos y habitaciones intrincadas, ideado para confundir a quien entre e impedir que encuentre la salida. En el laberinto habitaron el Minotauro, Teseo, Dédalo e Ícaro. “En todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío”. A veces soy híbrido entre instinto y lenguaje, otras héroe griego, algunas arquitecto de mi encierro y, otras tantas, libertad en caída libre.

jueves, 5 de marzo de 2009

EL EXILIO



Exilio. Al decidir renunciar al estado amoroso, el sujeto se ve con tristeza exiliado de su imaginario.
Trato de arrancarme a lo Imaginario amoroso: pero lo Imaginario arde por debajo, como el carbón mal apagado; se inflama de nuevo; lo que había sido abandonado resurge; de la tumba mal cerrada retumba bruscamente un largo grito
(Roland Barthes, "Fragmentos de un discurso amoroso")

See you later, alligator


Abro la valija vieja, esa que recorrió muchos lugares pero que no supo quedarse en ninguno. Encuentro en ella los recuerdos de las noches sin luna, de la lluvia que nos seguía hacia todos los lugares a los que íbamos, del sol que bajo el agua perseguíamos. Palpo el vacío, que se ha vuelto una masa asfixiante, extranjera y exiliada de mi cuerpo. Estoy arrodillado, al lado de la cama, frente a esta vieja valija, dejándome abrazar por el tedio que respiro, mientras constato, una vez más, que ya no me miras.
Una a una voy tomando las prendas, llevándolas a mi nariz para despegarles el perfume de tu piel y quedarme con algo que realmente te pertenezca. Los recuerdos me acorralan, me torturan, pero no hicieron el favor de matarme antes que me mataras. Y siento como una vez más, las lágrimas me derraman sobre mi propio charco de sombras. Voy sintiendo, lentamente, la textura de las telas que lastiman, como espinas pequeñas, mis incendiadas manos. Nunca aprendí que no hay que jugar con fuego si no se quiere terminar quemado. Vuelvo a los días en los que esas ropas caían, apresuradas, sobre el piso para dejarnos desnudos, frente a frente, labio a labio, mano a mano, vientre a vientre. Abro los ojos y veo que es de noche y llueve, pero ya no estamos semidesnudos en el auto.
Guardo todo. Voy viendo como, de a poco y con paciencia, intento cubrir el vacío de la valija, que coincide con los bordes porosos de mi propio vacío. Pienso nuevamente en lo injusto que es el destino, en como se comporta como agua de río, que en un segundo te deja un regalo y otro segundo después te lo arranca de la piel. Transpiro desesperanzas, mientras veo que no hay otra opción más que ésta que tanto duele. Tengo que permitirnos esto. Tengo que dejarnos ir. Debo acatar las consecuencias de los riesgos que no tuve miedo en tomar. Tengo que perder, una vez más, lo que ya he perdido. Tengo que cerrar este libro que nunca fue escrito. Ahora sé que tengo que rendirme y que debo que acatar los “tengo que…”
La valija ya está hecha, y no queda lugar para que guarde allí todo el rosario de recuerdos. Voy viendo cómo las paredes del cuarto se recubren de una enredadera de soledad que crece ilimitadamente. Veo tus ojos y ya no puedo leer más nada. Soy un analfabeto que se ha extraviado en los márgenes de tu cuerpo. Te has vuelto un misterio que, esta vez, no me empecinaré en descifrar. Sólo así nos permitiré partir, dejando de cavar huellas sobre huellas hasta enterrarme en una tumba hecha con pasos no dados.
Tomo el equipaje y abro la puerta. Somos de mundos tan diferentes, que sólo por eso están destinados a oponerse y complementarse. Nuevamente, hay que cruzar el gran charco. Pararnos otra vez en las veredas de enfrente. Pero ahora habrá que dar la vuelta y caminar ignorando a dónde, pero sabiendo que ya no volveremos a encontrarnos. Allá afuera espera el frío. Acá adentro, las baldosas rotas por las raíces de la tristeza constante. Nos miramos una vez más. Tal vez sea la última. Quiero creer que no, pero sé que sí; que luego de esta vez ya no habrá más veces. Tomo tu mano y la acaricio. La llevo al encuentro con mis labios que la besan como el mar cuando roza la arena. Me arrojo sobre el vacío de tu pecho y nos quebramos en un último abrazo. No hay nada que decir. Pongo la valija en tus manos, veo como traspasas la puerta, me lamo las heridas y te dejo ir para siempre hacia mi exilio.

4 comentarios:

La candorosa dijo...

Partir, lejos... partir de nosotros mismos... partir del ser amardo...

Alejarnos hacia destinos sin rumbo, nos dejan solos frente a nosotros mismos y frente al dolor!!!

Excelente su relato, ha sido un gusto leerlo nuevamente!!!

Le envío todo mi cariño y candor, señor!!!

Desde un laberinto dijo...

Ale:
Me alegro que te haya gustado mi último relato y que te sientas gustosa de leerme nuevamente.
Acá estoy, creo que volví para quedarme, el tiempo lo dirá. Pero mientras yo esté aquí, siempre vas a ser bienvenida a entrar al laberinto, a recorrer sus pasillos, a sentir sus muros y a dejar tus huellas.
Este texto trata sobre exilio que uno debe hacer cuando la persona amada se fue. O tal vez se quedó, no importa, pero uno debe saber que hay que dejar ir cuando ya no queda nada más por hacer. Intentar retener, intentar aferrarse a una ilusión que todo el tiempo se golpea contra la realidad, sería gozar de la humillación de ser rechazado. Hay que saber dejar ir y poder irse a tiempo, aunque el destino sea el tan doloroso exilio.
Te mando un fuerte abrazo y mi agradecimiento por tu cariño e incondicional candor

J. Eliel dijo...

Se exilia también el alma, el espíritu, la vida, nos exiliamos de nosotros mismos, del mundo, del mismo vacío, de la querida muerte, nos alejamos del suicidio, del amor, de la pasión, y al final solamente nos queda el deseo por encontrarnos... De no ser porque nos hemos deshecho.
Me quedo perplejo ante tu escrito, Ema, eso del desencuentro, del abandono es como aceptar que siempre estaremos solos en el universo... No sé, o quizá lo sepa y tema descubrirlo cierto. Exiliarse de otros, mi hermano, es cosa de seres o muy fuertes o muy débiles. ¿Y qué somos entonces? Wow... Me encanto tu texto.
Sigo perplejo, jaja, pensaré y después te comento.

Desde un laberinto dijo...

J. Eliel:
Gracias por tu nueva visita. Me alegra que mis letras sean poderosas y puedan encantarte.
El exilio es esa tierra extranjera a la que uno parte cuando ya no puede quedarse en casa. El exilio es arrancarse de la tierra, es extrañar sabores, perfumes, tactos, besos y lágrimas. Pero también es una esperanza. Es el lugar a donde uno va para intentar rearmarse, para intentar ser ave fénix. Si se es débil o fuerte al hacerlo, es algo que yo también me pregunto. Creo que la solución a esa pregunta es poner un "y". Es decir uno queda tan debilitado, que se obliga a sí mismo a ser fuerte y saber marcharse a tiempo. En esa debilidad de exilio, la espera hará que se encuentre la fuerza para poder buscar una nueva casa.
Decías que mi texto te remitió a la aceptación de que siempre estaremos solos. Justamente sobre eso estuve trabajando en estos últimos textos. Es lo que escribí en el texto "Entonces no hay esperanzas" cuando dije "Todos pueden ver que estamos irremediablemente solos, aunque ésta sea una verdad que nos empeñemos en negar. Aunque día a día levantamos semblantes para taparla. Algunos se engañan más que otros; pero las ficciones siempre se quiebran como cristales que terminan clavándose en los ojos." Gracias a tus ojos por la profundidad de su mirada que supo encontrar la clave.
Un abrazo