El laberinto está compuesto por pasadizos y habitaciones intrincadas, ideado para confundir a quien entre e impedir que encuentre la salida. En el laberinto habitaron el Minotauro, Teseo, Dédalo e Ícaro. “En todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío”. A veces soy híbrido entre instinto y lenguaje, otras héroe griego, algunas arquitecto de mi encierro y, otras tantas, libertad en caída libre.

domingo, 21 de marzo de 2010

AUTÓMATA




Cuando era chico escuché que el alma estaba unida al cuerpo por un lazo de plata. Nunca entendí bien por qué ese lazo podría romperse alguna vez y cómo se separaban las dos sustancias. Sólo pude saber que, con el paso del tiempo, la plata se desgasta y a veces se vuelve un hilo putrefacto, teñido por un verde moho, que despide un fétido olor. El deterioro llega al punto de extinguirlo con la misma facilidad con la que la dureza del hielo se vuelve agua. El tiempo que transcurre entre la dureza de la plata y la volatilidad del polvo es siempre un interrogante variable en cada ser humano. A veces dura un día, otras ocho años, a veces veintiséis, y otras llega hasta los cien.

La luz se enciende. Se escucha la voz, inconfundible, de mister Yorke. El celular, además de despertarlo con esa canción, vibra sobre la mesa de luz. La mano de él se extiende y lo apaga. Su momento de paz ha terminado.

Dormir es como estar muerto por unas horas. Me acuerdo que cuando era chico pensaba que la mejor manera de morir era esa, llegar al fin mientras uno estaba anestesiado por el sueño. Siempre me asustó el sufrimiento, yo no quería pasar por esa experiencia. Sin embargo, como todos, terminaría por comprobar que no se puede escapar, que la angustia es una gran catástrofe natural, con epicentro en la garganta, capaz de fragmentar el cuerpo entero con uno solo de sus rugidos.

Afuera, la noche no se inmuta en partir. El frío tampoco. Con el correr de las horas, el sol saldrá, sólo para ocultarse tras el cielo. El día será gris claro y frío, muy frío, parecido al de ayer y al de antes de ayer. Era así, todos los días usaban el mismo vestuario.

Siempre tuve miedo a la rutina. La paralización del tiempo es la muerte misma, porque la vida se trata de eso, ¿no?, de un constante fluir. Entonces la rutina era un castigo terrible, era una muerte en vida. Era desarrollar esa terrible condición llamada “síndrome de cautiverio”, que consiste en la conservación de la conciencia, la visión, audición y respiración, pero habiendo perdido el movimiento del cuerpo y la posibilidad de emitir palabras. ¿De qué sirve estar vivo cuando ya se está muerto? Desde hace años esa pregunta está anclada en mi mente, será que todavía no le encuentro respuesta.

El café que está tomando, también es idéntico al que toma todos los días. Tres cucharadas de café y dos de azúcar. Revuelve todo eso para obtener el mismo resultado de siempre: amargo y bien negro. Está tibio y tiene ese gusto a artificial que tanto detesta pero que, sistemáticamente, cada vez que va a comprar café se olvida de reemplazar por uno menos peor. No lo termina, deja la taza en la mesa que tiene el plato de comida que almorzó el día anterior. Se pone la ropa que usó hace tres días. No tiene tanto olor y es de las que está menos arrugada.

There was nothing to fear and nothing to doubt

Agarra el celular y las llaves del auto. Prende el estéreo y escucha las noticias. Según dicen los medios, este día es diferente al de ayer. Las cosas están mucho peor. Hay más inseguridad (matan a ancianos y roban en iglesias, fíjese usted), más inflación (los precios por las nubes, ahora es imposible viajar a Miami), más corrupción (son todos chorros, que se vayan todos), más deserción (los chicos de hoy ya no estudian), más crispación (con los milicos estábamos mejor). No aguanta más: apaga el estéreo y llega al trabajo.

There was nothing to fear and nothing to doubt

Se percata que olvidó lavarse los dientes y piensa “qué importa, total no besaré a nadie”. Allí está ella, mirándolo con su cara de vas-a-hacer-todo-mal-como-todos-los-días. Se saludan hipócritamente, pues ninguno se soporta. Ingresa a su oficina y cierra la puerta tras de él. Ése será su búnker por las siguientes doce horas. Cada minuto será igual al anterior, tendrá que revisar los papeles, aplicar las mismas fórmulas, llenar las mismas tablas y escribir las mismas cosas. Una y otra vez, hasta el hartazgo.

There was nothing to fear and nothing to doubt

Durante todo el día, escuchará esa voz chillona de la jefa una y otra vez recriminándole que se apure con el informe X, que ya es hora de entregar el análisis Y, y que prepare de una vez el proyecto Z. No lo pedirá de buena manera porque él es su empleado, una máquina más de todas las que tiene la organización que ella preside. Una máquina que puede reemplazarse por cualquier otra con facilidad. Un recurso en un mundo artificial, donde todo y todos somos descartables.

There was nothing to fear and nothing to doubt

Le duele la cabeza. No duerme bien desde hace meses. No aguanta más. Pero una alegría momentánea lo invade: son las ocho de la noche, ya es hora de irse. Pero, como toda alegría, ésta es más fugaz que las sorpresas. Y así, la alegría se acaba. Piensa y, al hacerlo, llama a la tristeza, pues la razón es condición sine qua non de la fugacidad que caracteriza la alegría. “Irse”, repite en su mente… pero ¿a dónde? Su departamento minúsculo y sucio hace tiempo dejó de ser su hogar para transformarse en una cueva habitada por ratas, cucarachas y hormigas que, en este mismo momento, en el que él está ausente, devoran felices los restos de todo lo que encuentran en la mugre.

There was nothing to fear and nothing to doubt

Fuera de la oficina, intenta arrancar el auto y no puede. La temperatura bajó a dos grados bajo cero, el viento es fuerte y lo inquieta. Está diez minutos intentando que arranque. Las maquinarias, en ocasiones, no funcionan. Algo salta, de imprevisto, pues la imperfección acecha siempre, desde la esencia de todas las cosas. Pisa el acelerador y siente el rugir del auto como si fuera una carcajada que le estalla en la cara.

There was nothing to fear and nothing to doubt

No quiere saber mas nada de nada. No pondrá ningún noticiero en la radio. Encuentra la música que le gusta y sube el volumen al máximo. No escucha nada, ni siquiera sus propios pensamientos. Quiere que lo aturda la voz de Yorke. Pisa el acelerador nuevamente y pone tercera. Quiere que la música penetre en sus oídos y empuje todos los pensamientos que, como si fuera agua estancada, despide un pestilente olor y va dejando huellas en donde se posan. Hunde aún más su pie en el acelerador y pone cuarta. Quiere escaparse del café artificial, del día gris y frío, de las noticias negativas, de la jefa hipócrita y voz chillona, de las hojas, tablas e informes. No saca el pie del acelerador y pone quinta. Llega al puente que atraviesa el río, deseando volar. No hay muchos autos y eso hace que la sensación de despegar se vea favorecida. Piensa en los gusanos que se alimentan de su alma. Piensa en el olor a podrido que sale de sus poros. Piensa en todas las personas que dejó atrás. Piensa que ya está e, imprevistamente, gira el volante del auto a la izquierda y la inercia hace que de tumbos y que vuele al río desde el puente.

There was nothing to fear and nothing to doubt

Se escucha una gran explosión. El fuego, imponente, se levanta dándole algo de color y calor al día gris invernal. Hacía falta tanto fuego para evaporar tanta agua... La maquinaria saltó. Se fundió el engranaje. Él ya no es más un autómata.

I jumped in the river and what did I see?
Black-eyed angels swam with me,
a moon full of stars and astral cards
and all the figures I used to see,
all my lovers were there with me
all my past and futures
and we all went to heaven in a little row boat
there was nothing to fear and nothing to doubt

(extracto de Pyramid Song, de Radiohead)

3 comentarios:

Kutxi dijo...

Un hermoso texto, para guardar y volver a leer.

"La paralización del tiempo es la muerte misma, porque la vida se trata de eso, ¿no?".

Genial.

Saludos, un abrazo grande,

Kutxi.

Desde un laberinto dijo...

Kutxi:
Gracias por llegarte a este laberinto abandonado, por animarte a meterte por sus pasillos llenos de fantasmas.
Me alegra que te haya parecido hermoso, como hermosas son tus letras.
Estoy escribiendo un próximo en texto en el que reflexiono un poco sobre el tiempo y su falta.
Otro abrazo grande, ya me llegaré por tu casa

Casino Money dijo...

So it is infinitely possible to discuss..